domingo, 30 de diciembre de 2012

Toda una vida















Terminó la jornada en el taller de Doña Mónica. Por fin había entregado ese bañador que nos había encargado la hija de Franco y me había quitado un peso de encima. Satisfecha y feliz, salí por la puerta y corrí para no perder el tranvía. Solía volver a casa caminando para ahorrarme los 50 céntimos, pero hoy quería regresar temprano. Estaba deseando probarme el vestido que mi hermana Angelita me estaba cosiendo. Esa noche había verbena, y mis amigas y yo habíamos previsto salir a bailar a Las Vistillas dónde tocaba la banda municipal.
***
Por la mañana, me había cruzado con ese chico, Andrés, al pasar por la puerta de la sombrerería de la Plaza Mayor dónde trabajaba. Me percaté de que, haciéndose el despistado, tropezó conmigo a propósito.


– Hola. ¡Qué sorpresa!, me dijo. – Eres Rosi … ¿verdad?
– Sí, contesté. ¿Y tu nombre era …?.
– Andrés. Me llamo Andrés, respondió sonriendo  – ¿Vas al baile esta noche?, me preguntó. 
– Iré, le dije decidida. He quedado con mis amigas y supongo que estaremos allí sobre las ocho.  Ahora tengo que marcharme, ¡llego tarde al trabajo!.

Y retomando mi paso, me alejé mientras le escuché despidiéndose y anunciándome que él también estaría allí y que esperaba verme. Mi corazón algo agitado por la caminata y por el inesperado encuentro, no paraba de latir a un ritmo que apenas me dejaba respirar. Pasé el día pensando en Andrés … y en esa sonrisa con la que me repitió su nombre. Era encantador, gentil, simpático y guapo … muy guapo. Lo había conocido la semana pasada, en las fiestas de San Cayetano en un café de la Plaza de Cascorro y desde ese día no había podido apartarlo de mi mente.


***
Me bajé del tranvía en la estación de Progreso, corrí Mesón de Paredes abajo y llegué a casa, fatigada pero feliz. Mi hermana estaba rematando el dobladillo. Orgullosa de su creación me dijo – Mira Rosi, ya lo he terminado, justo a tiempo. Le di un abrazo, le arrebaté el vestido de sus manos y subí las escaleras para ir a mi cuarto a prepararme. Me lavé, peiné y vestí en un periquete. Un poco de carmín en los labios y lista. Cuándo bajé mis amigas ya estaban en la portería esperándome, charlando con la tía Paca que nos había hecho un hatillo con unas rosquillas recién horneadas.  – Muchas gracias tía, le dije lanzándole un beso fugaz sin casi pararme.

Las tres caminando con garbo, agarradas del brazo y entre carcajadas, nos dirigimos hacia la que prometía ser una gran noche. Rebosando felicidad y chispeantes, nos sentíamos bellas y llenas de vida. Comiendo rosquillas y canturreando llegamos antes de lo previsto al baile. Y allí estaba Andrés, con un grupo de amigos que se daban codazos los unos a los otros cuando nos vieron llegar. Un poco más allá, vimos a unas chicas que conocíamos del barrio y nos acercamos a saludarlas. – Hola Carmen, le dije a una de ellas, que era muy amiga de mi hermana.

 – ¡Cuánto tiempo, Rosi! Me alegro mucho de verte. Aquí estamos, a punto de pedir un vinito dulce. Cuando me giré para preguntar a Loli y a Encarna si querían que tomásemos una Quina Santa Catalina, me encontré con la imagen de Andrés, que avanzaba hacia mí, pero sin mirarme … De pronto observé cómo se abalanzaba sobre Carmen y le plantaba un beso sonoro en la mejilla. Yo me sentí incómoda y aparté la vista. Entonces escuché a Carmen preguntarme:
– ¿Conoces a mi hermano?.
– Hola Andrés … dije casi susurrando. Sí, nos conocimos la semana pasada. No sabía que eráis hermanos … En ese instante la banda empezó a tocar Toda una vida y tomándome cariñosamente de la mano me invitó a bailar … todavía, cuando recuerdo la primera vez que sus brazos me rodearon, me estremezco …. Desde ese baile ya jamás nos volvimos a separar … y me mimó y me cuidó toda su vida … ¡No sabes cómo bailaba tu padre, hija!

– Qué historia tan preciosa mamá … dije mientras buscaba en la mesilla un pañuelo para limpiarme las lágrimas. – Papá siempre fue un caballero, guapo como un galán de cine y te quiso con locura. Su vida entera la vivió por ti … –¿Cómo te encuentras? ¿Te ha hecho efecto ya la morfina? - Sí hija ... o la morfina o volver a 1950, pero me encuentro estupendamente. Para completar la tarde, solo faltaría poder escuchar ese disco de Fernando Torres ... ¿te importaría ponerlo?. - Me levanté de la silla, me agaché para darle un beso mientras peinaba su pelo con mis dedos y me dirigí al tocadiscos. Puse la canción de su vida y con los ojos cerrados, estoy segura de que bailó una vez más con Andrés en Las Vistillas ...

"Toda una vida" ... Fernando Torres


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